Monday, March 18, 2019

Homenaje a Omar "Vispo" Rossi por Roberto Damiani en la pagina de http://www.sunvalleysurf.com (ver link)

http://www.sunvalleysurf.com/museo/Coleccion/Homen_visp.htm

Texto por Roberto Damiani:


La ocasión se llamó "Expression Session". Fue la primera de su tipo y reunió a la mayoría de los tablistas de aquella época. Faltaban menos de los que se ven aquí para completar la foto de todos los que practicábamos el deporte en ese momento. Fueron varios días de convivencia y free-surfing y hubo campamento, fogones, guitarreadas, caminatas por todo el balneario para ir de playa en playa ya que nadie tenia auto. No hubo publicidad, patrocinadores, premios materiales ni intereses comerciales. 
Fue quizás la última concentración "masiva" del surf uruguayo donde se lograra un auténtico clima de camaradería general... totalmente gratis. Varios de los que aparecen aquí hoy son personajes conocidos en el ambiente. Algunos de estos muchachos ya tienen nietos. Algunos ya no están.

Ahí vemos entre otros a Vispo Rossi, Alex Castillo, Fernando "sunvalley" Bessega, Guillermo "willy" Barreiro, Roberto Damiani, Jaime Mier, Fermin Lorenti, Fernando "canario" Vazquez, Jorge Boussac, Rody, Pino, el "wendi", Carlitos Rossi... Esta toma irrepetible es una pieza fundamental de nuestro archivo de imágenes.
Uno de los que dejó su espíritu entre nosotros fue el inigualable Vispo Rossi, y nos tomamos la libertad de superponer a su imagen una antigua foto suya posando con uno de sus primeros flotadores y su primogénito: Jordi.

Vispo era un fuera de serie de esos que a veces la vida nos cruza en el camino y como suele suceder, los valoramos cuando ya los caminos se separaron. Lo recuerdo siempre de buen humor, positivo, alegre. Contrastaba en un medio gris como el de Montevideo a principios de los 70. Ya fuera en Villa Biarritz o en La Paloma, su casa era el polo de atracción, donde todos se juntaban, donde siempre pasaba algo. El alma mater, el showman.
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A veces busco estar solo en el agua, aunque en verano no es tan fácil, y recorro playas hasta dar con alguna ola solitaria, sin malas vibraciones ni gritos que me distraigan de escuchar al mar. No hace mucho, uno de esos días de pleno verano, muerto de calor y de ganas de una zambullida fresca, logré zafar por un rato del trabajo y encontrar una playa así, sin siquiera un veraneante en la arena. Solo unas gaviotas, el mar y yo. Y unas pocas olas. El medio metrito que venía cada tanto, con agua verde transparente y apenas una brisa terral, era todo lo que necesitaba en ese momento. En eso estaba, luego de haber deslizado varias izquierdas casi perfectas, sabiendo que no podía demorarme mucho más, cuando al acomodarme el gorro playero que me protegía del sol a plomo, me acordé del Vispo. Más que eso: sentí su presencia ahí en el agua conmigo.

Vispo y su gorro playero.

Esperaba una grande para salir contento y volver al taller con nuevas energías, y le pedí que me la mandara, pero sin llegar a formular el pedido. Fue solo un deseo y su recuerdo. Bien, sé que es poco creíble, pero para mi fue natural ver como unos segundos después se empezaba a sombrear a lo lejos una marca sobre el agua que anunciaba una ola más grande que las demás. Exactamente donde la estaba esperando rompió una izquierda "gigante", que en realidad no pasaba de un metro, pero era el doble de lo que había estado surfeando! Al pararme me di cuenta que también iba a romper distinto a las demás; la ola esperó hasta que el borde del tabloncito 7´3 encajara justo en la pared y ahí aceleró, ahuecándose cada vez más y formando una cornisa que caía en diagonal a mis espaldas. Yo no podía creer la rapidez, lo vertical, la distancia que estaba recorriendo, y sintiendo el roce del aire en la cara me pareció que era demasiada velocidad para ese tamaño de ola. Se oía el rasguito interminable del flujo de agua forzado a dividirse por la tabla.

De pronto, insólitamente surgió una ráfaga de la nada y el gorro fue arrancado de mi cabeza como por una mano. La primera reacción aparte del manoteo inútil fue girar la cabeza para fijar el punto donde iba a parar, pero en lugar de verlo volar por encima de la ola veo el preciso momento en que el tubo, envolviéndolo en su vórtice, lo hacía desaparecer tal como si lo tragara una boca. Inmediatamente pensé que la ola bien valía un gorro y quise continuarla, pero ya la había perdido. Giré en redondo de nuevo, esta vez con tabla y todo, buscándolo.

Y allí estaba. Cuando lo vi. flotando sobre el agua, armado por una burbuja de aire tal como si alguien lo tuviera puesto, no pude menos que soltar una carcajada. 
Y agradecerle por otra buena onda. Bromista siempre, el Vispo...


Roberto

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el cabito